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Un viaje a la frontera de los sentidos

Por Omar Alfonso
De La Perla del Sur

No había que verlo.
Había que vivirlo para creerlo.
Por ello, aceptamos el reto y la invitación.
Sin pensarlo dos veces, nos preparamos para un viaje en auto que tomaría poco más de dos horas desde Ponce y que requería atravesar una extensa ruta de autopista, avenidas y serpentinas calles rurales hasta llegar al único territorio que une a los pueblos de Quebradillas, Isabela, Las Marías, Moca, Añasco y Lares. El municipio de San Sebastián.
Sin embargo, al adentrarnos en su pulmón y al cruzar el umbral del Hotel El Jibarito, la última frontera entre la civilización y nuestro destino, el mito -por sí sólo- se desvaneció.
"Es cierto. Aquí se respira de forma distinta".

La experiencia
La hospedería colindante a la comunidad Saltos, pero totalmente apartada del bullicio, brinda a los visitantes días o semanas completas de contacto íntimo con la brisa de la montaña.
Tras incursionar en la propiedad de 20 cuerdas y comenzar la ruta de ascenso hacia el tope de la loma, donde un espejismo se proyectaba con silueta de Casa Grande, también los prejuicios y la incredulidad se consumían.

"Ya no tengo porqué dudarlo".
Ni siquiera fueron necesarios diez segundos para aceptar que estábamos frente a un espacio excepcional, de los pocos que quedan en Puerto Rico en donde las nubes, el sol y el cielo viven adheridos a una estampa de naturaleza, virgen y exhuberante.
Bastaba con una ojeada al horizonte claro y despejado para proclamarlo ese día.
A 1,500 pies sobre el nivel del mar era fácil apreciar el verde océano que arropa las montañas, así como algunos de los barrios que dan vida a este pueblo y cuyos nombres, de sólo mencionarlos, inspiran encanto: Alto Sano, Eneas, Mirabales, Sonador y Piedras Blancas.Pero sobre todo, un halo de magia, cierto misticismo, inundaba la vista hasta provocar un vuelco en el interior, un golpe en la conciencia, un despertar de los sentidos.
"Aquí se respira de forma distinta porque aquí el tiempo no existe".
No es un mito y mucho menos fantasía.
Si a sólo pasos, cabras y ovejas pastaban a su ritmo, sin prisa y sin pausa, ¿por qué hay que apurarse?
Y si muy cerca de ellos un trabajador campesino intentaba atrapar a un cerdo que, sin reparo alguno, paseaba libremente por un establo con vacas, ¿por qué atormentar la mente con agendas y preocupaciones?
"Ahora entiendo".
Los gigantescos ventanales invitan a sentarse y a contemplarlos casi mudos, mientras el viento y su paisaje surten efectos relajantes, innecesarios de describir.
(Fotos: Ludwig Medina)
Los responsables de este fascinante espacio son los primos Ernesto Valle Quintana y Franco Cabán Valentín, dos jóvenes emprendedores que en diciembre de 2005 abrieron al mundo exterior los portones de su más atesorado anhelo, un hotel agro turístico.
Haciendo honor a sus raíces y al legado de antepasados, crearon la Hacienda El Jibarito, un espacio concebido para turistas de todo el mundo, en donde además de café y frutos menores, se cultiva el espíritu, el silencio y la armonía.
Una hospedería colindante a la comunidad Saltos, pero totalmente apartada del bullicio, en donde también se brinda a los visitantes días o semanas completas de contacto íntimo con la brisa de la montaña, con la tierra que cultivan, con los frutos que cosechan y los animales de la campiña.
De paso, y tal como lo planificaron, han reinfundado de vida, no sólo a cientos de huéspedes, sino a familias enteras de la zona que urgían una forma de ganarse el sustento.

La instalación

La Hacienda El Jibarito se levanta sobre un espacio excepcional, de los pocos que quedan en Puerto Rico en donde las nubes, el sol y el cielo viven adheridos a una estampa de naturaleza, virgen y exhuberante.
La Hacieda El Jibarito gira en torno a la Casa Grande, el espejismo que impacta a todos los recién llegados.
Bajo su altísimo techo y entre simpáticas antigüedades, empleados vestidos con ajuares típicos reciben a todos los citadinos con una invitación a explorar las numerosas amenidades de la propiedad.
Particularmente, la Casa Café, un inigualable espacio que más que a este grano, tiene un fuerte aroma a patria.
De hecho, sus paredes revestidas con madera del país -más que un soporte- parecen colosales mosaicos repletos de fotos y memorabilia que rememoran la historia cafetalera del país.
Por si fuera poco, gigantescos ventanales invitan a sentarse en el salón y a contemplarlos casi mudos, mientras el viento y su paisaje surten efectos relajantes, innecesarios de describir.
Pero de todos sus encantos, es Maribel Nieves el más sobresaliente. Esta gentil y cándida hija de San Sebastián tiene a su cargo la torrefactora, por lo que ante la vista de los más curiosos exhibe el proceso de la elaboración del café, desde que se traen los granos hasta el tueste y molido del fruto, café que siembran y cosechan en la Hacienda y que se mercadea bajo el nombre El Jibarito.
Tres especialidades del Restaurante Laurnaga: filete mignon en cama de mariscos, pechuga La Casava rellena de yuca en escabeche y berenjena rellena de pollo.
Una experiencia memorable por sí misma.
A pocos pasos de este espacio hallará las primeras de las nueve habitaciones y dos 'suites' disponibles en la Casa Grande. Todas equipadas justo con las comodidades necesarias para promover su descanso... y mantenerlo apartado del mundo exterior.
Para el agrado de los más nostálgicos, además, cada una ofrece ventanales de madera de dos hojas -con tranca incluida- y algunas, incluso, acceso a una terraza habilitada con hamacas y mecedoras de paja.
Precisamente, desde estos balcones podrá distinguir las restantes ocho villas del hotel, catalogadas por algunos como "las joyas de la Corona".
Senderos curvilíneos e hileras de palmas le llevarán a estas cabañas excelentemente ventiladas, decoradas al estilo criollo y equipadas en algunas instancias con lujos que van desde dormitorio principal con 'jacuzi' hasta terraza privada con hamaca.
Sin embargo, no hay lujo que compare con la experiencia de dormir en ellas mientras los coquíes cantan a la noche o levantarse en el alba mientras el rocío baña la montaña.
Los más interesados, tomen nota. El costo de alojamiento por noche de estas opciones varían entre los $129 en la Casa Grande y los $279 en las villas con capacidad para cuatro adultos. Estos precios no incluyen los impuestos compulsorios.

Más de lo imaginado

Angulo de la Casa Grande.
(Fotos: Ludwig Medina)
Las amenidades de la Hacienda, empero, no terminan aquí.
Ya sea para huéspedes o para visitantes, el hotel también ofrece otra suculenta experiencia gastronómica a través de su comedor bandera, el Restaurante Laurnaga.
A tono con la altura y prestigio de la hospedería, en este salón para 65 comensales se pueden degustar desde exquisitas delicias, como la berenjena rellena con pollo o mariscos, hasta los platos más típicos de la cocina borinqueña.
¿Lo mejor? Una importante parte de los ingredientes para su confección son traídos de los tres huertos de la Hacienda, por lo que su calidad, sabor y frescura están garantizados.
Precisamente, estos credenciales culinarios ya han convertido a la hospedería en el más importante centro de reunión familiar y de negocios en el área, razón por la cual los dueños han habilitado el salón Alambique Bar & Grill para agasajar simultáneamente hasta a 100 personas y el nuevo Salón de Convenciones, que ofrece capacidad para 300 invitados: el escenario ideal para recepciones nupciales y de empresas.
A la hora del entretenimiento, El Jibarito también ofrece la oportunidad de entrar en contacto con el sistema agrario de la finca, ocasión que los más pequeños aprovechan para experimentar por vez primera el contacto directo con animales de corrales y establos.
Los adultos, entretanto, pueden aprovechar la cita para remontarse a tiempos pasados y pasear por la comarca, montado sobre cualquiera de los caballos de la Hacienda.
Asimismo, tienen a la disposición excursiones guiadas a Las Golondrinas, una cercana, sonora y refrescante cascada en donde los más entusiastas eco aventureros pueden practicar el 'rapelling' o, simplemente, observar las aves endémicas y migratorias del entorno.
Este recorrido se realiza a bordo de un pintoresco carretón impulsado por un todo terreno y se mercadea por sólo $5 por persona. De interesarle, lo ideal es coordinarlo con antelación con el personal de recepción.

En resumen...
Dos visitantes exploran los alrededores de la Hacienda montados a caballo.
Quienes se sientan atraídos por vivir estas experiencias y trasladar sus sentidos a la última frontera, tienen asegurada en la Hacienda El Jibarito un destino excepcional y sorprendente, diseñado hábilmente para una escapada inolvidable.
Este complejo agro turístico está situado en el kilómetro 6.5 de la carretera 445 del barrio Saltos II de San Sebastián.
Aunque un mapa de la zona es la mejor herramienta para llegar, también puede llamar a la hospedería a los teléfonos 787-280-4040 y 787-896-5012.
Incluso puede contactarlos en Internet a través del portal www.haciendaeljibarito.net

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